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¿Por qué sentimos emociones y cómo influyen en nuestra alimentación?

¿Por qué sentimos emociones y cómo influyen en nuestra alimentación?

¿Por qué sentimos emociones y cómo influyen en nuestra alimentación?

Las emociones son una parte esencial de cómo nuestro cerebro interpreta el mundo. No solo nos ayudan a sobrevivir, sino que también nos preparan para actuar, nos guían en nuestras decisiones y nos permiten comunicarnos con los demás. Pero, ¿qué pasa cuando nuestras emociones comienzan a dirigir la forma en que comemos?

Emociones, cerebro y alimentación emocional

Comer no es solo un acto biológico, sino también cerebral, emocional y social. Existe una conexión profunda entre emociones y comida, tanto a nivel fisiológico como psicológico, conocida como alimentación emocional. Esta ocurre cuando comemos no por hambre física, sino para calmar emociones como el estrés, la ansiedad, la tristeza, la soledad o el aburrimiento.

Este tipo de alimentación suele involucrar alimentos ricos en azúcar, grasas o sal que estimulan la liberación de dopamina, la hormona del placer, brindando un alivio momentáneo. Sin embargo, luego pueden aparecer sentimientos de culpa y vergüenza, creando un ciclo difícil de romper.

Desde niños se nos recompensa con comida, reforzando la asociación entre alimento y alivio emocional. Pero la buena noticia es que la regulación emocional es una habilidad que se puede aprender y fortalecer, especialmente a través de prácticas como la meditación, el mindfulness y el autocontrol consciente.

Emoción, sentimiento y estado de ánimo: ¿cuál es la diferencia?

Emoción: Respuesta automática, instintiva y biológica del cerebro. Es universal (como el miedo, la ira o la alegría) y produce cambios físicos inmediatos.

Sentimiento: Es la interpretación consciente de una emoción. Dura más, involucra pensamiento, memoria y autoconciencia.

Estado de ánimo: Disposición emocional generalizada que perdura y afecta cómo percibimos el entorno. Puede durar días y depende de factores hormonales y contextuales.

Nombrar lo que sentimos es una de las formas más poderosas para regularnos emocionalmente. Identificar las emociones y entender que son reacciones cerebrales, físicas y químicas, es el primer paso hacia el autocontrol.

Hambre emocional vs. hambre física

Hambre física:
Aparece de forma gradual
Incluye señales corporales reales (vacío estomacal, falta de energía)
Se puede satisfacer con diversos alimentos
No genera culpa


Hambre emocional:
Aparece de forma súbita
No hay señales físicas reales
Se antojan alimentos específicos (dulces, fritos)
Puede generar culpa o vergüenza

La toma de decisiones alimenticias cambia según el estado emocional: en calma, pensamos con mayor claridad; bajo estrés, el córtex prefrontal (parte racional del cerebro) se desactiva y elegimos desde el impulso.

Estrategias para gestionar la alimentación emocional
Antes de comer:
Detente y respira conscientemente 2 o 3 veces
Pregúntate: ¿Qué estoy sintiendo?
Evalúa: ¿Esto se resuelve con comida? ¿Qué otra cosa puedo hacer para sentirme mejor?
Crea una lista de alternativas: caminar, escribir, meditar, escuchar música

La clave está en sentir sin reaccionar, entender que la emoción es solo una respuesta bioquímica que se puede observar y gestionar.

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